El jueves pasado fuimos a disfrutar de un regalo que nos habían hecho, una cena a ciegas. Sí, sí, como lo leéis. El restaurante Dans Le Noir te ofrece una experiencia única, cenar en la absoluta oscuridad y experimentar lo que las personas invidentes viven en su día a día. Se intercambian los papeles y la persona invidente es la que te facilita a ti la cena. Todos los camareros son invidentes.

Antes de entrar te dan instrucciones básicas como que no te puedes levantar ni levantar el brazo ni hacer gestos bruscos porque estás en la absoluta oscuridad y no sabes cuando se acerca el camarero. El camarero que te va a servir se presenta para que si necesitas cualquier cosa le llames por su nombre. En la absoluta oscuridad el oído es tu mayor aliado.

Comer con las manos y a ciegas

Dato curioso: te dicen que como es difícil saber que estás cortando con el cuchillo o pinchando con el tenedor que es más recomendable y divertido comer con las manos, así que, eso hicimos y fue muy divertido.

Del menú no teníamos ni idea de lo que íbamos a comer. Ahí está la gracia porque la idea es saber si somos capaces de adivinar qué comemos y bebemos sin verlo. Eso sí, previamente te preguntan si tienes alguna alergia y la tienen en cuenta. A mi marido le dieron un postre diferente porque es alérgico a los frutos secos.

Como comprenderéis no puedo poner fotos de la comida, ni tampoco os voy a decir qué comimos por si vais en breve y no han cambiado el menú (no sé cada cuanto tiempo lo cambian) así no os rompo la magia de adivinar lo que coméis. Sí os diré que estaba todo estaba buenísimo.

Os dejo una foto de la parte donde te reciben y de las taquillas donde tienes que dejar todas tus pertenencias antes de entrar para que no tengas la tentación de sacar el móvil para dar luz y ver lo que estás comiendo. Nos hicieron quitarnos hasta el reloj.

Recepcion-Dans-Le-Noir

Al salir te enseñan lo que has comido, con foto y descripción. Deciros que fue muy curioso descubrir que no había acertado muchas cosas del menú, a pesar de ser sabores, a priori, conocidos para mí. La sensación de salir a la luz es brutal, molesta muchísimo, y si no vas parpadeando a la vez que vas empezando a notar un poco de luz te puedes marear.

En cuanto a la experiencia del vino, espectacular. Nos sirvieron 2 copas de vino diferentes: la primera acertamos que era vino blanco, de la segunda estábamos convencidisimos que era vino tinto…Nada más lejos de la realidad, era un vino blanco de Costes del Segre. Os juro, que sin ser ninguna entendida, ¡ese vino olía a tinto! Nos explicaron los vinos que habíamos tomado junto a otras dos parejas que no habían probado el segundo vino pero cuando lo olieron dijeron que olía a tinto. El chico que nos atendió, Matthieu, nos dijo que nadie acertaba con ese vino, ni siquiera sumilleres.

Tanto Matthieu como la chica que nos explicó todo antes de entrar a cenar fueron súper amables, la atención es súper personalizada. A Matthieu se le veía disfrutar cuando nos explicaba los vinos.

En definitiva, una experiencia muy recomendable y un trato excepcional. Si queréis pasar una noche diferente y experimentar cómo os saben las cosas sin verlas sin duda tenéis que ir a Dans Le Noir.

Bon appetit!